:ALEJANDRO:
—Señor, tiene que haber un error.
MARTÍNEZ:
—No hay ningún error. Y cuando lea el informe de las cuentas que el fundador ha solicitado auditar, comprenderá por qué ha regresado.
Alejandro mira los documentos. Por primera vez, no encuentra palabras para defenderse.
Pero lo que ninguno de los dos sabía era que el anciano no había regresado solamente para recuperar su banco. Había regresado para descubrir quién había traicionado a su propia familia.
Y el nombre del principal sospechoso estaba escrito en la última página.
¿Quieres saber cómo termina?
Yo continuaría la historia con una revelación todavía más impactante: el director no solo ha estado engañando al banco, sino que guarda un secreto relacionado con la desaparición del hijo del fundador.
El siguiente episodio podría titularse: «El hijo que todos creían muerto».
Porque a veces, las personas a las que el mundo desprecia son precisamente las que guardan la verdad que todos temen descubrir.