— EL CUADERNO DE LA LINEA 5

— ECENA 1

Género: Romance / Misterio / Drama
Formato: Guion narrativo para video o cortometraje
Duración aproximada: 10–15 minut

INTERIOR — VAGÓN DEL METRO — MAÑANA

El reloj del teléfono de CLARA, 25 años, marca las 8:17.

—No, no, no… otra vez tarde —murmura.

El tren se detiene. Varias personas salen rápidamente y Clara se levanta para seguirlas. Al recoger su bolso, golpea algo que está sobre el asiento de enfrente.

Es un cuaderno de cuero negro, viejo y gastado.

Clara mira alrededor.

—¿De quién es esto?

Las puertas están a punto de cerrarse. Nadie responde.

Lo toma con intención de entregarlo en objetos perdidos, pero algo llama su atención: sobresale la esquina de una hoja con un dibujo.

Abre el cuaderno.

Retratos a lápiz.

Una mujer leyendo.

Clara se queda inmóvil.

La mujer del dibujo es ella.

Pasa la página.

Otro retrato suyo, sentada junto a la ventana del metro.

Pasa otra.

Ella tomando café.

Otra.

Ella riéndose mientras habla por teléfono.

Su expresión cambia de curiosidad a preocupación.

CLARA (V.O.):
Encontré este cuaderno una mañana en la Línea 5. Pensé que alguien simplemente lo había olvidado. Hasta que lo abrí.

Clara comienza a contar las páginas.

—Cuarenta y cinco… cuarenta y seis… cuarenta y siete.

Todos los dibujos son de ella.

Algunos parecen tener meses de diferencia.

Entonces llega al último.

Clara deja de respirar por un instante.

El dibujo muestra exactamente la ropa que lleva puesta ese día.

La misma chaqueta.

El mismo bolso.

Incluso el pequeño broche que se colocó esa mañana.

Debajo hay una fecha.

La fecha de hoy.

Y una frase:

“Hoy es el día que me atrevo a hablarle.”

Clara cierra el cuaderno de golpe.

Mira a ambos lados del vagón.

De pronto, cada pasajero parece sospechoso.


ESCENA 2 — 24 HORAS DE PREGUNTAS

INTERIOR — APARTAMENTO DE CLARA — NOCHE

El cuaderno permanece sobre la mesa.

Clara camina de un lado a otro.

Intenta trabajar.

No puede.

Finalmente vuelve a abrirlo.

Esta vez observa los dibujos detenidamente.

En uno aparece leyendo una novela.

En otro, ayudando a una señora mayor con unas bolsas.

En otro, dormida durante el trayecto.

Pero Clara nota algo extraño.

Los dibujos no parecen burlarse de ella ni mostrar momentos privados fuera del transporte.

Todos fueron hechos en lugares públicos, principalmente dentro del metro o en la estación.

Aun así, la inquietud permanece.

CLARA (V.O.):
Parte de mí quería entregarlo y olvidarme de todo. Otra parte necesitaba saber quién llevaba tanto tiempo dibujándome.

Entonces descubre algo escrito muy pequeño en una de las primeras páginas.

“Gracias por aquel martes.”

—¿Qué martes?

Clara intenta recordar.

Nada.

Hasta que encuentra un dibujo diferente.

No es de ella.

Representa una mano sosteniendo un pañuelo de papel.

Debajo aparece una fecha de tres años atrás.

Clara se queda mirando.

Un recuerdo borroso empieza a regresar.


ESCENA 3 — EL REGRESO

EXTERIOR — ESTACIÓN DE METRO — MAÑANA SIGUIENTE

8:12.

Clara regresa.

Misma estación.

Misma hora.

Lleva el cuaderno apretado contra el pecho.

CLARA (V.O.):
Dormí muy poco aquella noche. Tenía miedo. Pero también tenía una pregunta que no me dejaba tranquila: ¿quién era él?

El tren llega.

Clara entra.

Observa a cada pasajero.

Nada.

Pasa una estación.

Luego otra.

Empieza a pensar que fue una mala idea.

Hasta que levanta la mirada.

A unos metros está LEO, 27 años.

Ropa sencilla. Una mochila vieja. Un pequeño bloc de dibujo entre las manos.

Clara observa sus dedos.

Las yemas están manchadas de grafito.

Leo levanta la vista.

Sus ojos encuentran los de Clara.

Después mira el cuaderno negro que ella sostiene.

Su rostro pierde el color.

Clara lo entiende inmediatamente.

—Eres tú.

El tren se detiene.

Las puertas se abren.

Leo se levanta rápidamente.

—Espera.

Él continúa.

Clara se pone de pie.

—¡No te atrevas a irte!

Varias personas voltean.

Leo se detiene junto a la puerta.

Durante unos segundos ninguno habla.

Finalmente él vuelve a entrar.

Las puertas se cierran.

—Creo que tenemos que hablar —dice Clara.

Leo baja la mirada.

—Sí.


ESCENA 4 — LA EXPLICACIÓN

INTERIOR — CAFETERÍA — MEDIA MAÑANA

El cuaderno está entre ambos.

Ninguno toca su café.

Clara rompe el silencio.

—Quiero que entiendas algo. Encontrar cuarenta y siete dibujos míos hechos por alguien que no conozco da miedo.

Leo asiente.

—Lo sé.

—Entonces explícame por qué.

Leo respira profundamente.

—Hace tres años mi vida se vino abajo.

Clara permanece seria.

—Perdí mi trabajo. No podía pagar el alquiler. Me sentía completamente perdido.

Leo mira por la ventana.

—Una mañana subí al metro después de pasar la noche buscando dónde quedarme. No pude aguantar más y empecé a llorar.

Clara comienza a recordar.

FLASHBACK — VAGÓN DEL METRO — TRES AÑOS ANTES

Un Leo más joven está sentado con la capucha puesta, intentando ocultar las lágrimas.

Los pasajeros evitan mirarlo.

Una joven Clara está frente a él.

Busca algo dentro de su bolso.

Le ofrece un pañuelo.

—Toma.

Leo la mira sorprendido.

—Gracias.

—No sé lo que estás pasando —dice Clara—, pero respira. Un día malo no decide toda tu vida.

Clara sonríe.

Sale del tren.

FIN DEL FLASHBACK.

En la cafetería, Clara abre ligeramente la boca.

—Eras tú.

Leo asiente.

—Probablemente para ti fueron treinta segundos. Para mí significaron mucho más.

Señala el cuaderno.

—Yo había estudiado dibujo, pero llevaba meses sin tocar un lápiz. Al día siguiente volví a tomar esa línea y te vi otra vez.

—¿Y empezaste a dibujarme?

—Sí. Al principio solo quería recordar a la desconocida que fue amable conmigo cuando nadie más quiso mirarme.

Clara observa el primer retrato.

—¿Y los otros cuarenta y seis?

Leo sonríe con vergüenza.

—Eso es más difícil de explicar.


ESCENA 5 — LO QUE CLARA NO SABÍA

Leo abre el cuaderno.

—Después de aquel primer dibujo conseguí un pequeño trabajo haciendo ilustraciones. Luego otro. Empecé a reconstruir mi vida.

Pasa varias páginas.

—De vez en cuando coincidíamos en el metro. Nunca sabía tu nombre. Nunca sabía dónde ibas. Solo dibujaba lo que veía durante el viaje.

Clara señala uno.

—¿Este?

—Ese día estabas leyendo y te pasaste de tu estación.

Clara ríe involuntariamente.

—¡Me acuerdo!

Leo también sonríe.

Por primera vez la tensión disminuye.

Clara pasa otra página.

—¿Y este?

—Estabas intentando beber café mientras el tren se movía.

—Terminé derramándolo.

—Eso no lo dibujé.

Clara lo mira.

—Gracias por proteger mi dignidad.

Ambos ríen.

Pero entonces Clara vuelve a ponerse seria.

—¿Por qué nunca hablaste conmigo?

Leo tarda en responder.

—Porque convertí aquel momento en algo demasiado importante. Cuanto más tiempo pasaba, más difícil era acercarme.

—¿Y la última página?

Leo mira el dibujo fechado el día anterior.

—Me prometí que sería la última vez.

—¿La última vez que me dibujarías?

—La última vez que tendría miedo.

Clara permanece en silencio.

—Había decidido acercarme, presentarme y devolverte aquella frase que me dijiste hace tres años.

—¿Cuál?

Leo sonríe.

—Que un día malo no decide toda tu vida.


ESCENA 6 — POR QUÉ ABANDONÓ EL CUADERNO

Clara frunce el ceño.

—Entonces todavía falta algo.

—¿Qué?

Ella empuja el cuaderno hacia él.

—¿Por qué lo dejaste en el asiento?

Leo cierra los ojos avergonzado.

—Porque cuando te vi entrar… entré en pánico.

—¿En serio?

—Había ensayado como veinte veces lo que iba a decir.

—¿Y qué pasó?

—Te vi y olvidé hasta mi nombre.

Clara intenta contener la risa.

—¿Así que huiste?

—Sí.

—¿Y olvidaste tres años de dibujos?

Leo mira el cuaderno.

—También.

Clara empieza a reír.

Leo termina riendo con ella.

La tensión finalmente desaparece.


ESCENA 7 — UNA PÁGINA VACÍA

EXTERIOR — CALLE — ATARDECER

Después de varias horas hablando, salen de la cafetería.

Clara ya sabe que Leo trabaja como ilustrador.

Leo sabe que Clara trabaja en una pequeña editorial y que siempre lleva libros en el bolso porque sueña con escribir uno propio algún día.

Llegan a una esquina.

Es momento de despedirse.

—Bueno… —dice Clara.

—Bueno…

Ninguno se mueve.

Leo saca algo de su mochila.

Un cuaderno nuevo.

Completamente vacío.

Clara lo mira.

—¿Otro cuaderno?

—Este es diferente.

Leo saca un lápiz.

—Durante tres años dibujé momentos de una persona que no conocía. No quiero hacer eso otra vez.

Clara levanta una ceja.

—Me alegra escucharlo.

—Así que quería preguntarte algo.

Leo abre la primera página en blanco.

—¿Me dejarías conocerte de verdad?

Clara observa el cuaderno.

Luego a Leo.

—Depende.

—¿De qué?

—De si esta vez me dejas ver los dibujos antes de llenar cuarenta y siete páginas.

Leo sonríe.

—Trato hecho.

Clara toma el lápiz de su mano.

Escribe algo en la primera página.

Leo intenta mirar.

—No.

Ella tapa la hoja.

—Todavía no.

Finalmente le entrega el cuaderno.

Leo lee.

“Dibujo número 1: dos desconocidos que dejaron de serlo.”

Debajo, Clara ha escrito su número de teléfono.

Leo levanta la mirada sorprendido.

Clara ya está caminando hacia la estación.

—¡Clara!

Ella se gira.

—¿Sí?

—Nunca te dije mi nombre.

Clara sonríe.

—Está escrito cuarenta y siete veces en la parte de atrás del cuaderno, Leo.

Él abre el viejo cuaderno.

En la contraportada aparece su firma diminuta:

LEO MARTÍNEZ.

Leo se lleva una mano a la frente.

Clara ríe.

—Eres buen dibujante, pero pésimo detective.


ESCENA FINAL — SEIS MESES DESPUÉS

INTERIOR — VAGÓN DEL METRO — DÍA

El mismo vagón.

La misma Línea 5.

Clara y Leo están sentados juntos.

Leo dibuja.

Clara escribe en una libreta.

Ella intenta mirar su dibujo.

Leo lo tapa.

—Todavía no.

—¡Leo!

—Reglas del artista.

Clara intenta quitarle el cuaderno.

Ambos ríen.

Finalmente Leo se lo entrega.

El dibujo muestra a los dos sentados juntos en el metro.

Debajo ha escrito:

“Dibujo número 48.”

Clara sonríe.

—Te equivocaste.

—¿Por qué?

Clara toma el lápiz y tacha el número.

Escribe:

“Número 1.”

Leo la mira.

—¿Número uno?

Clara cierra el cuaderno.

—Los otros fueron antes de conocernos.

El tren llega a su estación.

Los dos se levantan y salen juntos.

CLARA (V.O.):
Durante años creí que las personas importantes llegaban a nuestra vida haciendo ruido. Pero algunas están ahí, viajando en el mismo vagón, esperando el valor suficiente para decir una sola palabra.

Las puertas comienzan a cerrarse.

Clara y Leo desaparecen entre la multitud.

Sobre el asiento queda durante un instante el cuaderno nuevo.

Leo vuelve rápidamente, mete la mano antes de que las puertas se cierren y lo recupera.

—¡Esta vez no!

Clara se ríe desde el andén.

FUNDIDO A NEGRO.

TEXTO FINAL EN PANTALLA

“A veces una historia no comienza cuando conoces a alguien. Comienza cuando finalmente te atreves a conocerlo.”

FIN

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